Bosques Umbral investiga las relaciones entre la tecnología y el hábitat de una forma expansiva. A través de arquitecturas fantásticas, fábulas digitales y artefactos ecotécnicos, esta exposición aborda los imaginarios del bosque, no solo como ecosistema, sino también como una forma del pensamiento que nos permite diseñar nuevos modos de coexistencia para ampliar el reconocimiento y el cuidado de lo vivo.
A partir de la noción de umbral, explorada por la artista Onome Ekeh, esta exposición reúne obras que, a través de universos narrativos en los que convergen la ficción especulativa, el diseño digital y las técnicas artesanales, producen experiencias que operan como espacios liminales desde los que brotan nuevas formas de imaginación ecológica. En ellas se expanden las fronteras entre lo natural y lo artificial, lo real y lo virtual, lo visible y aquellas posibilidades para el futuro de nuestros entornos que permanecen latentes.
En este bosque resplandeciente, las raíces se vuelven interfaces eléctricas que conectan a través del juego técnico la vida de las presencias misteriosas que lo habitan. Tejidos, convertidos en pantallas flotantes que alteran la linealidad del tiempo histórico, y esculturas, que transforman los residuos tecnológicos y orgánicos en especies más allá de lo humano, coexisten con imágenes en movimiento, que experimentan con la modificación digital del cuerpo y la invención de paisajes abstractos.
Bosques Umbral nos invita a una aventura en la que imaginar un bosque es también imaginar el trabajo necesario para garantizar la continuidad de la vida: reconocer la inteligencia de otras especies, recuperar los diseños ancestrales del entorno y apropiarnos de la potencia especulativa de la creatividad digital, para cultivar formas de cuidado de aquellos paisajes que están aún por venir.
Artistas: Gala Berger, Flavia Da Rin, Lulo Demarco, Alejandra Mizrahi, Toni Morales, Eva Moro Cafiero, Yhomara Muñoz y Jimena Travaglio.
Curaduría: Nicolás Cuello
Diseño museográfico: Iván Rösler
Producción: Edgar Lacombe y Martina Estelí
Coordinación de montaje: Germán Sandoval
Coordinación de técnica: Guillermo Carrasco
Gala Berger
A través del collage, la sublimación digital, el appliqué, la costura y la combinación de materiales orgánicos y sintéticos, Gala Berger convierte el trabajo textil en un espacio de investigación donde se cruzan saberes artesanales, técnicas de diseño digital y memorias críticas sobre los procesos de colonización. En su práctica, recupera la ciencia ficción como método para construir relatos visuales sobre distintas formas de organización política. En obras como Asamblea barrial (2024) y Carnaval de frutas (2024-2026), figuras antropomórficas realizadas con textiles coloridos, frutas, semillas y vegetales del territorio latinoamericano imaginan formas de encuentro y deliberación colectiva, o marchan por un espacio fantástico, celebrando una vida comunitaria basada en relaciones más justas entre humanos, especies y modos de producción de lo social. A su vez, la apropiación de imágenes digitales de dominio público y modelados generados por inteligencia artificial, incorporados a los textiles de la serie “Objetos salvajes” (2021), interrogan la apropiación histórica del patrimonio cultural del sur global por parte del norte y su necesaria restitución.
Flavia Da Rin
A través de herramientas digitales, elementos estéticos propios de la ciencia ficción y recursos narrativos de la historieta, Flavia Da Rin construye mundos imaginarios en los que la identidad y el cuerpo se encuentran en permanente transformación. Utilizando su propia imagen, crea personajes en cuya construcción de los cuerpos, especialmente los femeninos, experimenta con distintas formas de ser y explorar las relaciones entre el género, la tecnología y la cultura visual. En La epopeya de la crisálida (2019), Da Rin construye una superposición de universos fantásticos en los que la crisálida funciona como una metáfora de la metamorfosis y de las experiencias de distintas mujeres. Mediante una compleja combinación de actuación, fotografía, animación y manipulación digital, su cuerpo se convierte en una materia plástica que asume múltiples apariencias e incluso formas de existencia no humanas. De este modo, invita al espectador a recorrer paisajes naturales ficticios donde sus protagonistas experimentan la aventura del crecimiento.
Lulo Demarco
En sus instalaciones, Lulo Demarco se sirve de la producción de imágenes en movimiento, relatos ficcionales especulativos y saberes de la ecología profunda para pensar las relaciones de convivencia entre las especies y sus entornos. A partir de la recolección y transformación de restos de árboles caídos encontrados en la ciudad, crea esculturas orgánicas animadas mediante la inclusión de pantallas en las que proyecta cortometrajes diseñados con inteligencia artificial. Demarco concibe sus esculturas como ecosistemas narrativos, en los que los personajes fantásticos que crea cuentan historias sobre otras formas posibles de coexistencia entre las especies, la naturaleza y las tecnologías.
Alejandra Mizrahi
Alejandra Mizrahi toma el tejido como una tecnología ancestral: una técnica capaz de producir imágenes, cuyos conocimientos pueden ser aprendidos, reinterpretados y transmitidos en el presente. En su trabajo, tanto individual como colectivo —junto a la comunidad de Randeras de El Cercado y como integrante de Textiles Semillas, Unión de tejedoras, artistas y activistas del noroeste argentino—, recupera la randa, una artesanía textil realizada en la provincia de Tucumán. Mizrahi desplaza los usos tradicionales de este encaje para explorar en su lugar la dimensión performativa del textil. En sus esculturas, estos diseños funcionan como pantallas sobre las que se despliegan formas abstractas: esquemas, puntos, festones y bordados dejan de ser motivos decorativos y pasan a construir superficies con volumen, rigidez y presencia espacial, que a su vez crean estructuras orgánicas fantásticas.
Toni Morales
En la obra de Toni Morales, los oficios tradicionales de los Valles Calchaquíes, como el tejido en telar, la carpintería y la pintura artesanal, son tomados por su condición de técnicas comunitarias a través de las cuales investigar formas de representar visualmente el territorio. En las piezas Catre, Forma y afecto y Rafael, del 2026, estas inquietudes se traducen en objetos escultóricos que recuperan el lenguaje del diseño industrial, la arquitectura y la producción textil para representar simbólicamente los paisajes de su lugar de origen. En estas obras, Morales utiliza el tejido como una tecnología para construir imágenes ficcionales y formas abstractas, en las que las tramas de urdimbre funcionan como píxeles expandidos. Así se crean cruces en los que, mediante el color, la materia y la geometría, se superponen la historia de las imágenes artesanales con los diseños digitales.
Eva Moro Cafiero
En la serie de esculturas “La desterritorialización de mi avatar” (2026), Eva Moro Cafiero, artista y activista ambiental, explora la materialidad de la cultura digital a partir de la reutilización de desechos tecnológicos. La artista transforma residuos tecnológicos e imágenes animadas en seres fantásticos, al darles nuevos usos tanto a los materiales descartados como a los datos que estos almacenan, lo que reduce su impacto ambiental. Los videos incorporados a estas obras cuestionan al avatar como una identidad virtual estable a través de la cual interactuamos en internet. A partir del diseño digital y la ciencia ficción, la artista explora la incomodidad de una generación que transita entre lo virtual y lo material, y convierte el hardware, es decir, las partes físicas de los dispositivos electrónicos desechados, en un elemento plástico capaz de evocar una nueva conciencia ecológica.
Yhomara Muñoz
Recurriendo a su formación en arquitectura, Yhomara Muñoz investiga en su obra la actualidad de las cosmovisiones andinas a partir del uso imbricado de herramientas de diseño digital y saberes manuales como el textil y la cerámica. En La última hija de K’ooj – El viaje inverso (v.2), Muñoz se apropia de motores de desarrollo multiplataforma utilizados para crear videojuegos y simula un escenario natural donde el espectador emprende una aventura guiada por el canto de Lola Kiepja, última chamana del pueblo selk’nam, comunidad indígena que habitó la Isla Grande de Tierra del Fuego. Mientras avanzamos por este paisaje digital, descubrimos que este canto mágico emerge de un objeto geométricamente abstracto que Muñoz concibe como una arquitectura luminosa. La artista lo mezcla con vibraciones curativas sintetizadas a partir del sonido del océano para crear un umbral sonoro hacia los saberes indígenas sobre los entornos naturales.
Jimena Travaglio
El trabajo de Jimena Travaglio reflexiona sobre la historia de la tecnología a través del tejido. En las obras que integran la serie “Reliquias” (2016), la artista confecciona textiles con cuentas sintéticas de plástico y vidrio para crear cuerpos orgánicos pixelados a partir de patrones geométricos que diseña digitalmente. En estas piezas, la artista experimenta con la relación entre lo virtual y lo real, de modo tal que pone en tensión la velocidad de las imágenes virtuales con la paciente lentitud del trabajo manual. En Montaña insomne (2025), por otra parte, expande sus inquietudes sobre la tecnología como espacio de almacenamiento de datos. Replicando el diseño que forman los circuitos de una palca madre (motherboard), pieza de la que depende el funcionamiento de las computadoras, construye un paisaje abstracto que transforma la inmaterialidad de la información digital en una pieza física.
Bosques Umbral: la playlist
Siguiendo el concepto de la exposición, en este viaje sonoro hay una yuxtaposición de ecosistemas sonoros donde alternan temporalidades en apariencia opuestas: las fugacidades del espectro digital frente a la aparente quietud del bosque y sus misterios atávicos. La música, desde el ambient al free jazz, el pop y el avant garde, tal como las obras de la exposición, trabaja en ese umbral donde los paisajes pueden ser digitales y los textiles se dejan ver como capas de suspiros industriales. Esta playlist de más de tres horas hace suya las palabras de aquel manifiesto de la islandesa Björk: “Los autos también bajaron de las montañas”. En una rara jugada del ajedrez cultural argentino en el comienzo y final del viaje sonoro es Luis Alberto Spinetta quien canta las palabras que definen este cruce de hipermodernidad y sensibilidad ancestral: “Vamos al bosque” (1970) de su primer álbum solista La Búsqueda de la Estrella y “No te busques ya en el umbral” (1982) de Kamikaze.
Diseño sonoro: Fernando García y Franco Pellegrino. Museo de Arte Moderno, agosto de 2026.