Esta exposición nos invita a reconocer a la naturaleza como la verdadera protagonista de las prácticas creativas y sociales. Sus artistas nos animan a escuchar las historias que cuentan los bosques y los ríos, a ver las huellas que los volcanes dejan como palabras en un poema y a aprender de los animales otra forma de ver el mundo y a nosotros mismos.
En Naturaleza arquitecta la investigación de largo alcance, la imaginación fantástica y el deleite de los sentidos son vías de conocimiento que nos permiten adoptar este cambio de perspectiva. En la primera sala, una gran mesa-río funciona como un taller de investigaciones y propicia un diálogo entre arte, arquitectura, poesía y activismo ecológico, entrecruzados en acciones concretas que se desarrollan a la intemperie de la geografía y la historia. En su voluntad de transformar territorios complejos, los proyectos apuestan a la expansión de disciplinas: la botánica deviene historia social, la cartografía se entreteje con la poesía y la zoología se vuelve una forma de la estética.
En la sala siguiente, al amparo de muros acantilados, los artistas despliegan obras envolventes que habilitan una intensificación de la percepción. Frente a fenómenos naturales que desafían nuestras formas habituales de ver y comprender, se valen de las herramientas sensoriales del arte para ensanchar la empatía y el asombro, y ensayar otras relaciones con la naturaleza.
Atenta a un coro de voces que desborda fronteras geográficas, la exposición nos propone preguntas cruciales: cómo habitamos el planeta, qué mundos se vuelven posibles si dejamos de colocarnos en el centro, y qué nuevas formas de convivencia aún nos permite imaginar el arte.
Sala A
Esta sala reúne investigaciones artísticas que exploran la naturaleza, desde los ríos de la ciudad de Buenos Aires hasta la Amazonia brasileña y los acantilados del Pacífico chileno, para indagar cómo nos relacionamos con los territorios que habitamos. Concebida como un espacio de aprendizaje, con actividades interactivas diseñadas junto con el Departamento de Educación, la sala nos invita a recorrerla como quien navega un río, atracando en sus orillas para pasar tiempo con los materiales y las experiencias que proponen.
Comienza con el arquitecto brasileño Paulo Tavares, cuya noción de “bosque cultural” inspira la exposición. Para Tavares, la selva es una forma de diseño colectivo donde se entrelazan historia, ecología y política. Tomás Saraceno también reflexiona sobre una naturaleza creadora, en su investigación sobre las telarañas como obras de arte y modelos de colaboración entre especies. Los colectivos m7red y Casa Río Lab remontan territorios ribereños para comprender procesos ecológicos y sociales a escala regional y global. Florencia Levy indaga los territorios marcados por el extractivismo como paisajes complejos, donde la materia, la memoria y el conflicto se superponen. El proyecto Utopías del Sur continúa el legado del gran artista Nicolás García Uriburu (1937-2016), al extender su manifiesto del arte como acción ecológica a través de un programa educativo y de reservas ambientales. La sala también recupera los vínculos entre poesía y paisaje en el trabajo del chileno Raúl Zurita.
Sala B
En esta sala, la naturaleza despliega espacios donde el cuerpo y los sentidos se despiertan: desde movimientos festivos y colores intensos hasta la escucha detenida de delicados murmullos en ámbitos de mayor intimidad.
Los ríos surcan territorios como líneas de un dibujo, confunden los estados sólidos y líquidos, y atraviesan fronteras sociales. Los artistas encuentran en ellos una forma alternativa de conocer y enseñar la historia, mientras que otros los habitan como escenarios de celebraciones y encuentros inesperados donde emergen mitologías fantásticas, narrativas personales y vínculos con otras especies. También emplean la potencia sensorial de la pintura para crear paisajes fantásticos con una fuerte carga expresiva y personal. Otros artistas se acercan a los animales para abrir la percepción hacia nuevas perspectivas, en un juego teatral que desborda la experiencia humana.
¿Qué se esconde bajo la superficie, debajo de las rocas, en las capas que sostienen el mundo? Las raíces y los volcanes revelan la potencia estética y material de lo que hay bajo la tierra.
Al final de la sala, un gran mural nos convoca a un bosque habitado por presencias intrigantes, que sugieren la oportunidad de reconocer en la naturaleza un repertorio de múltiples formas de habitar.
Paulo Tavares
Paulo Tavares ha realizado intervenciones clave para repensar nuestra relación con la naturaleza. Este arquitecto, escritor y docente brasileño (ganador del León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2023) lleva años investigando la Amazonia brasileña, a la que concibe como un “bosque cultural”, un archivo arquitectónico que es el resultado del diseño comunitario de las poblaciones indígenas. Su trabajo se ha inspirado en las cosmovisiones de estas comunidades, para las que la naturaleza es una entidad viva. En sus films Derechos no humanos y Contra el Estado, presenta entrevistas y material de archivo de activistas y líderes indígenas que impulsaron el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza en la reforma constitucional de Ecuador (2008), con una concepción jurídica “animista” que otorga derechos fundamentales a las rocas, las montañas, los ríos y los mares. También registró el juicio de los kichwas de Sarayaku contra el Estado de Ecuador (2012), en el que se hizo visible la resistencia de la comunidad a las incursiones militares orientadas a garantizar la explotación petrolera.
Una botánica arquitectónica
El pensamiento moderno occidental considera a la selva como símbolo de una naturaleza no afectada por el humano y, por lo tanto, carente de cultura y organización. Otra es la postura de Paulo Tavares, para quien la selva es un artefacto cultural. A lo largo de la década de 1980, el botánico William Balée llevó a cabo una serie de inventarios botánicos junto al pueblo ka’apor, con el fin de producir una documentación detallada de las formas en que sus comunidades utilizan, transforman y codifican el entorno forestal. Balée demostró que vastas áreas de la Amazonia son el resultado de relaciones de larga duración entre los humanos y el ambiente, es decir, que están diseñadas en sociedad. La instalación Una botánica arquitectónica despliega una serie de preguntas que surgen del archivo fotográfico producido por Balée. En general, este tipo de materiales se exhibe en museos de historia natural y jardines botánicos, como evidencia de una historia biológica y no de una social. ¿Puede esta colección ser vista como un archivo arquitectónico?
Árboles, lianas y palmeras
¿Podemos considerar a los árboles, las lianas y las palmeras como patrimonio histórico? Esta obra de Paulo Tavares responde el interrogante a partir de un acontecimiento ocurrido en las décadas de 1960 y 1970, durante la dictadura militar en Brasil. El pueblo xavante, del centro del país, fue sometido a una campaña de despojo y desplazamientos forzados para destinar tierras a la ganadería y la soja, en un proceso perversamente denominado “pacificación”. En colaboración con la Asociación Bö’u Xavante de Marãiwatsédé, Tavares cartografió las antiguas aldeas de las que fueron expulsados los xavantes. En estos sitios, creció una franja de vegetación con árboles, enredaderas y palmeras de especies habituales en los modos tradicionales de ocupación de la población originaria. Estas poblaciones vegetales, resultado del diseño de las aldeas realizado por sus antiguos habitantes humanos, funcionan como ruinas arquitectónicas vivas. La mayoría de estos sitios se encuentra hoy dentro de propiedades privadas, sin acceso para los xavantes, y en riesgo de destrucción por el avance del agronegocio.
Realizado por el estudio Autônoma, en colaboración con el pueblo xavante de Marãiwatsédé.
Equipo de investigación: Domingos Tsereõmorãté Hö’awari, Policarpo Waire Tserenhorã, Dario Tserewhorã, Marcelo Abaré y Magno Silvestre. Consultoría: Damião Paridzané, Cosme Rité, Caime Waiassé, Jurandir Siridiwe, Policarpo Waire Tserenhorã, Dario Tserewhorã y Marcelo Abaré. Traducción: Caime Waiassé. Diseño de animación y modelado 3D: Gabriel Kozlowski. Modelado digital de sitios arqueológicos: Gabriel Menotti. Campaña de defensoría pública: Paula Marujo.
Fotografías de pared: Configuración botánica del sitio arqueológico de la aldea xavante de Tsinõ, la última que habitó esta comunidad antes de la deportación llevada a cabo por la Fuerza Aérea Brasileña en 1966.
Carta de las autoridades xavantes al Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (IPHAN), en la que solicitan el reconocimiento patrimonial de los sitios arqueológicos de sus antiguas aldeas. Con las huellas dactilares de los ancianos y firmas de los caciques de las doce aldeas del territorio de Marãiwatsédé.
Raúl Zurita
Los poetas han cantado a los paisajes más sublimes desde los inicios de la poesía. Pero el gran poeta chileno Raúl Zurita quiso ir más allá al escribir sobre el paisaje mismo como si se tratara de un cuaderno del tamaño del planeta. Logró escribir versos en el cielo de Nueva York (1982) y en el desierto de Atacama (1993). Verás no ver es su tercer proyecto de poesía sobre el territorio; en este caso, en los acantilados del Pacífico chileno. Fue concebido hace 25 años y realizado en 2024, con financiamiento de la fundación Engel. Los 22 versos del poema fueron proyectados por el colectivo lumínico DelightLab sobre los acantilados de más de 1000 metros de altura durante una noche y hasta el amanecer del día siguiente, cuando el último verso desapareció con la luz del sol. Junto con la serie de fotografías que ilustran el proyecto, presentamos una selección de libros de grandes poetas latinoamericanos que exploraron las posibilidades expresivas del paisaje.
m7red – Pío Torroja
Fundada por Mauricio Corbalán y Pío Torroja en 2005, m7red es una plataforma de investigación y acción que se ocupa de territorios complejos —como cuencas fluviales y zonas de conflicto ambiental— a través de prácticas interdisciplinarias entre la arquitectura, el arte y el activismo. Realizado por Pío Torroja en diálogo con “Las tres ecologías” —proyecto del área educativa del Museo Moderno—, Modos de existencia de la costa reconstruye la transformación de la costa de Buenos Aires a partir del análisis de los procesos geológicos, ecológicos y políticos que modificaron los ríos de la ciudad. El estudio de cuatro momentos históricos, desde el año 4000 a. C. hasta la construcción de la Reserva Ecológica —iniciada durante la dictadura cívico-militar (1976-1983)—, muestra cómo la presión económica, la infraestructura portuaria y la violencia estatal hicieron de la costa un espacio de disputa, donde la naturaleza y la historia se entrelazan. El proyecto incluye entrevistas con la arquitecta e historiadora Graciela Silvestri y la geóloga Marina Lema.
Casa Río Lab
Casa Río Lab es una plataforma dedicada al arte, la ecología y el trabajo territorial, con base en el Río de la Plata. Formada por Alejandro Meitin y Dani Lorenzo, entre otros, desarrolla proyectos que investigan las relaciones entre las infraestructuras globales —como la agroindustria y la logística— y los ecosistemas locales —especialmente, los ríos y humedales—. A través de cartografías, archivos y acciones en territorios específicos, la plataforma propone pensar la geografía como un entramado biocultural en transformación, surcado por procesos ambientales, económicos y políticos. Sobre la mesa circular, espacio de diálogo y debate, Casa Río despliega un diagrama que sintetiza su perspectiva biocultural. Los materiales de la otra mesa registran las huellas concretas del extractivismo en la Cuenca del Plata, desde el monocultivo y la degradación del suelo hasta la explotación minera, energética y fluvial. Estos objetos son indicios de los impactos ecológicos y sociales —contaminación, incendios, expansión de especies invasoras— que transforman la vida en nuestro territorio.
Florencia Levy
Estamos habituados a escuchar hablar sobre el litio y los minerales llamados “raros”, pero ¿qué aspecto tienen los lugares de donde se extrae el litio, ese material presente en las baterías de nuestros celulares y otros dispositivos tecnológicos? ¿Qué formas adquiere la tierra cuando se la explota para obtener este insumo y qué consecuencias tiene la explotación sobre el medioambiente? Con estos interrogantes, Florencia Levy produjo Tercer sedimento, obra adquirida por el Museo Moderno en 2024. La práctica de Levy se inscribe en las tradiciones del arte investigativo y del film-ensayo, que integra investigaciones de largo alcance con un ejercicio significativo del montaje. En este video, la artista se acerca a los restos y acumulaciones que deja la actividad humana en el paisaje, en particular en entornos invadidos por la extracción de materias primas y la industria. El proyecto observa cómo esos sedimentos —capas de desecho, residuos y fragmentos— forman parte de una nueva geología en desarrollo.
Nicolás García Uriburu / Utopía del Sur
Nicolás García Uriburu (1937-2016) fue el gran pionero del arte ecológico en la Argentina, una figura visionaria que abrió caminos inéditos para artistas de las siguientes generaciones, muchos de ellos incluidos en esta exposición. “Yo denuncio con mi arte el antagonismo entre la Naturaleza y la Civilización”, escribió, “los países más evolucionados están en vías de destruir el agua, la tierra y el aire, reservas del futuro en los países latinoamericanos”, una advertencia premonitoria. En obras emblemáticas, trabajó con mapas de la región, concebida como un territorio unido por la naturaleza, previo a las divisiones políticas del colonialismo y la modernización. El mapa deja de ser una mera representación para ser un potente instrumento de imaginación crítica y resistencia, capaz de transmitir una sensibilidad insurgente frente a las amenazas al equilibrio ambiental. El proyecto Utopía del Sur honra su impulso utópico en proyectos transformadores en el territorio, con iniciativas de conservación, construcción de comunidad y educación ambiental a través del arte. A través de las reservas El Potrero y El Yerbal, trabaja en la regeneración de ecosistemas, la reintroducción de animales vulnerables y la protección de la biodiversidad. Además, teje diálogos con artistas y escuelas, desplegando un programa educativo que reactiva el pulso de las estrategias pioneras de García Uriburu y las proyecta, vivas, hacia nuevas generaciones.
Tomás Saraceno
Entre las más de 50.000 especies de arañas del mundo, sólo 25 son consideradas arañas sociales —es decir, que viven, colaboran y construyen en comunidad—. Una sola de ellas habita en nuestra región: la Parawixia bistriata. En 2017, el Museo Moderno se transformó en un enorme refugio para 7000 arañas de esta especie, cuando nuestros equipos y el artista Tomás Saraceno se unieron a científicos del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia para crear una exposición que desbordó los límites entre arte, ciencia y naturaleza. A diferencia de otras especies, la Parawixia trabaja en sociedad para el traslado y la obtención de alimento, lo que realizan a través de las telas que tejen por la noche. Adaptando su rutina de trabajo al ciclo y las necesidades de las arañas, el Museo Moderno presentó un enorme tejido tridimensional, sensible y dinámico, desplegado en una sala de 400 metros cuadrados, y que nos permitió repensar nuestros modos de habitar mediante una experiencia estética asombrosa. Recientemente donadas por el artista al Museo, las obras que aquí presentamos incluyen diversas telas de arañas de aquella monumental realización. través de ellas, Saraceno revela que las arañas pueden enseñarnos modos de cooperación y de construcción colectiva que redefinen la idea misma de arquitectura.
Manuel Brandazza
El artista rosarino Manuel Brandazza trabaja con el barro del río Paraná como materia viva, que en su obra deviene soporte de dibujos y murales, materia prima de objetos escultóricos que integra en sus piezas textiles y campo de proyección de sus mitologías personales. En este mural, que desde el hall del Museo se despliega hacia la sala de la exposición Naturaleza arquitecta, el barro se convierte en un cuaderno de dibujos donde Brandazza ilustra y narra los recuerdos de una vida junto al río: la flora y la fauna del entorno ribereño —totoras, yararás, aves— se entrelazan con una constelación de referencias a la tradición artística rosarina —desde la escultura Muchacho del Paraná (1942) de Lucio Fontana hasta los murales de Raúl Domínguez—, que anclan la obra en una historia visual del litoral. En esa misma superficie emergen amistades del artista, consignas de activismo de género y personajes fantásticos, trazando una trama donde biografía, imaginario y territorio se funden en una materia en constante transformación.
En este gran desfile creado para esta exposición, Manuel Brandazza transformó el río Paraná en una enorme pasarela natural sobre la que decenas de modelos visten sus diseños a bordo de barcazas. Pero el río es más que un inusual escenario: como en sus murales y dibujos esgrafiados en barro, el Paraná se afirma aquí como un repertorio exuberante de historias, del que brotan personajes fantásticos y, sobre todo, como el verdadero protagonista de la escena. Luego de afirmarse en el circuito de la moda y el arte en Buenos Aires, Brandazza emprendió un viaje a Brasil, donde trabajó en la confección de trajes para una escola de samba del carnaval de Río de Janeiro, experiencia de la que extrajo un caudal de recursos y afianzó su sensibilidad hacia la celebración transgresora y los movimientos indóciles del carnaval. De regreso en Rosario, ese aprendizaje se entrelazó con su reconocimiento del río Paraná y cristalizó en una práctica en la que el río y la fiesta se funden en una ceremonia de afectos desbordados.
Felix Shumba
En este gran desfile creado para esta exposición, Manuel Brandazza transformó el río Paraná en una enorme pasarela natural sobre la que decenas de modelos visten sus diseños a bordo de barcazas. Pero el río es más que un inusual escenario: como en sus murales y dibujos esgrafiados en barro, el Paraná se afirma aquí como un repertorio exuberante de historias, del que brotan personajes fantásticos y, sobre todo, como el verdadero protagonista de la escena. Luego de afirmarse en el circuito de la moda y el arte en Buenos Aires, Brandazza emprendió un viaje a Brasil, donde trabajó en la confección de trajes para una escola de samba del carnaval de Río de Janeiro, experiencia de la que extrajo un caudal de recursos y afianzó su sensibilidad hacia la celebración transgresora y los movimientos indóciles del carnaval. De regreso en Rosario, ese aprendizaje se entrelazó con su reconocimiento del río Paraná y cristalizó en una práctica en la que el río y la fiesta se funden en una ceremonia de afectos desbordados.
Jonathas de Andrade
O Peixe
O Peixe traza viñetas bucólicas de pescadores en el río São Francisco, en el nordeste brasileño: los gestos y ritmos cotidianos que configuran una vida compartida con el entorno. En ese flujo apacible, irrumpe una acción de una carga afectiva inesperada: los pescadores ciñen a los peces recién capturados y los acompañan hasta su muerte, fundidos en un abrazo en el que la crudeza se confunde con una tensión erótica de signo más incierto. Con escenas de una proximidad cautivante, el film se presenta inicialmente como un documental, como si la cámara estuviera ausente, pero la secuencia estuvo cuidadosamente orquestada por el artista. O Peixe evita una única interpretación: lo que hacen los pescadores puede leerse tanto como cuidado o como dominación hacia la naturaleza, como compasión o como agresión, una ambigüedad en la que ritual, intimidad y violencia se confunden.
Jangadeiros e canoeiros
Para Jangadeiros e Canoeiros, Jonathas de Andrade trabajó con comunidades de pescadores del nordeste de Brasil, a los que solía observar cuando era niño y visitaba esas playas. De Andrade los interroga sobre la composición de las formas y la elección de los colores de sus velas, y sus testimonios despliegan una reflexión sensible propia de la imaginación artística, resaltando la potencia expresiva y afectiva en el uso de los colores. En escenas de una coreografía festiva e hipnótica, las velas de los barcos en movimiento sobre la superficie del agua adquieren configuraciones que evocan grandes episodios de la abstracción brasileña —en especial Helio Oiticica y el neoconcretismo— como si los saberes de esa tradición hubieran emergido de prácticas populares antes de encoO O PeixePeixentrar su nombre en la esfera estética.
Rivane Neuenschwander & Cao Guimarães
Los artistas Rivane Neuenschwander y Cao Guimarães colaboran desde hace años en filmes que transforman la observación de la naturaleza y de fenómenos populares brasileños en fábulas que revelan la dimensión mágica de lo cotidiano. Esta obra homenajea una tradición popular del norte de Brasil vinculada al Cordão da Bicharada, una fiesta del estado de Pará en la que las comunidades se disfrazan de animales y desfilan colectivamente por la ciudad y sus territorios ribereños. Aquí, todos los personajes son niños, lo que intensifica el carácter lúdico y comunitario en la transmisión de sus tradiciones populares. El relato se detiene en los preparativos del desfile y combina el registro documental con una mirada cómplice, celebratoria del juego y de la encantadora confusión que protagonizan los niños y los animales que encarnan.
Eduardo Navarro y Sebastián Roque
Para la realización de Poema volcánico, Eduardo Navarro escaló un volcán en Ecuador y, provisto de un traje protector creado por él mismo, acercó una serie de papeles a la garganta del enorme cráter, exponiéndolos a sus emisiones y cenizas. En ese encuentro, fue el propio volcán quien “dibujó” la obra: las reacciones químicas y térmicas dejaron huellas sobre la superficie que configuraron una forma de poesía visual. La obra incluye los dibujos volcánicos, el traje que utilizó Navarro y un periódico en el que se narra la experiencia. En Volcán de mí mismo, realizada junto al artista Sebastián Roque, las rocas de un volcán real (el Etna siciliano) forman parte de una pieza que combina escultura y orfebrería, para componer una miniatura en la que un incienso evoca las emisiones volcánicas.
Artistas y colectivos: Manuel Brandazza (Argentina, 1975), Virginia Buitrón (Buenos Aires, 1977) , Adriana Bustos (Argentina, 1965), Ariel Cusnir (Argentina, 1981), Jonathas de Andrade (Brasil, 1982), Julián D’Angiolillo (Argentina, 1976), Cao Guimarães (Brasil, 1965), Artur Lescher (Brasil, 1962), Florencia Levy (Argentina, 1979), m7red (Argentina, 2005), Valeria Maggi (Argentina, 1985), Eduardo Navarro (Argentina, 1979), Rivane Neuenschwander (Brasil, 1967), Rayana Rayo (Brasil, 1989), Casa Río Lab (Argentina, 2021), Florencia Rodríguez Giles (Argentina, 1978), Sebastián Roque (Argentina, 1982), Tomás Saraceno (Argentina, 1973), Felix Shumba (Zimbabwe, 1989), Paulo Tavares (Brasil, 1980) y Utopía del Sur / Fundación Nicolás García Uriburu (Argentina).
Curaduría: Patricio Orellana, en diálogo con Victoria Noorthoorn
Asistencia curatorial: Florencia Morel
Coordinación general: Agustina Vizcarra y Noelia Magnelli
Diseño museográfico: Daniela Thomas + Felipe Tassara, Iván Rösler y Gonzalo Silva
Producción: Julieta Potenze y Ana Cambre
Coordinación de montaje: Germán Sandoval
Coordinación de técnica: Guillermo Carrasco
Diseño gráfico: Job Salorio