Moderno y MetaModerno: Edición 70 Aniversario

Moderno y MetaModerno: Edición 70 Aniversario

En ocasión de cumplirse el 70 Aniversario del Museo Moderno, presentamos una nueva exposición de la colección pública de arte argentino moderno y contemporáneo más importante del país, con más de 8000 obras y piezas de diseño gráfico e industrial, construida gracias al constante y generoso apoyo de la sociedad civil.

La Colección fue creada por iniciativa de sus tres primeros directores. Rafael Squirru, fundador y primer director del Museo, la inició en 1956, al adquirir las primeras obras directamente de los talleres de los grandes artistas argentinos del momento —tal es el caso de Hombre, de León Ferrari, al pie de este texto—. Le siguieron Hugo Parpagnoli, quien la fortaleció e inauguró la gran Colección de Fotografía, y Guillermo Whitelow, que continuó esa gran labor. Más recientemente, Laura Buccellato incorporó el legado de Alberto Heredia y creó la colección de diseño junto al arquitecto Ricardo Blanco, quien le dio su forma inicial. 

A partir de la actual dirección y junto al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, desde 2013 el Museo recuperó su tradición de adquisiciones: ingresaron, hasta el momento, 264 obras adquiridas y 564 en donación. Agradecemos tanto el apoyo de los artistas, galeristas, mecenas y empresas, y del Comité de Adquisiciones y la Asociación Amigos que lo hicieron posible. ¡Todos ellos nos permiten seguir el pulso vital del arte argentino!

En estas salas desplegamos una sucesión de núcleos artísticos. En la primera, el Informalismo, el arte cinético, el pop, el diseño gráfico e industrial; en la siguiente, la Nueva Figuración y el arte creado en tiempos de dictadura, posdictadura y el presente. En todos los casos, presentamos una conversación entre obras históricas y recientes del Patrimonio, para poner en valor el arte que está siendo creado en los talleres de los artistas argentinos. 

Los Códigos QR que acompañan esta selección de obras son portales que invitan a investigar los archivos digitales del Museo: la Biblioteca, los Archivos Históricos, la Historia de las Exposiciones durante 70 años, los +70 libros publicados en la última década. Estas plataformas digitales son el resultado del trabajo incansable de este gran equipo para cumplir la Misión del Museo de proteger su gran acervo, investigarlo y darlo a conocer, lo que impacta positivamente en la comunidad artística argentina. ¡Sean todos bienvenidos a apoyar nuestra importante labor!

Platonic Love

En ocasión de cumplirse el 70 Aniversario del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, presentamos una nueva exposición de la Colección de arte argentino moderno y contemporáneo más importante del país, con más de 8000 obras y piezas de diseño gráfico e industrial. Esta gran Colección pública, que nos pertenece a todos, fue construida gracias al constante y generoso apoyo de la sociedad civil.

Hemos nombrado a esta primera sala “Platonic Love”, adoptando el título de un dibujo de la artista Graciela Hasper. La sala presenta una conversación imaginaria y amorosa entre obras de esta Colección que deseaban verse juntas desde hace mucho tiempo. La sala despliega obras icónicas del arte abstracto-geométrico argentino de los años 40 —incluidas las que ingresaron a la Colección gracias a la donación de la Colección de Ignacio Pirovano— junto a tantas obras que continuaron explorando la tradición abstracta hasta el presente. Es, a primera vista, la presentación de una conversación atemporal. Pero al mirar más detenidamente se notarán algunas particularidades: a medida que avanzamos en el tiempo desde los años 40 hasta hoy, la mirada de las artistas mujeres aquí presentes ablanda la geometría, la vuelve más amorosa, más empática. Se permite el juego, el guiño, la crítica institucional, el humor.

Este relato sobre una abstracción blanda o platónicamente amorosa permite vislumbrar varios objetivos y logros del Museo Moderno que nos llenan de orgullo. Por un lado, la importante presencia de artistas mujeres creadoras de muchas obras recientemente adquiridas o donadas, buscando lograr una representación más equitativa de nuestra sociedad. Por otro lado, la clara vocación federal de este gran Museo público, al presentar obras de artistas de las más diversas provincias del país, tanto históricas como contemporáneas. 

¡Sean todos bienvenidos a esta gran celebración del arte y el diseño argentinos!

El alarido informalista

Hacia fines de los cincuenta, como respuesta al predominio del arte abstracto en la escena argentina del momento, el informalismo produjo un giro desafiante en la pintura. Nutrido por el existencialismo francés, el jazz y la recuperación del humor ácido del dadaísmo, emprendió una ruptura radical con las formas establecidas.

Uno de sus principales impulsores fue Rafael Squirru —crítico de arte, poeta y fundador del Museo Moderno en 1956— a través de exposiciones y ensayos cruciales. Con el informalismo, lo mundano irrumpió en las obras con fuerza: trapos, maderas quemadas, alambres retorcidos y fórmulas experimentales que combinaban óleo con alcohol y materia orgánica. El informalismo se expandió por diversas escenas artísticas del país como emblema de “lo nuevo” y dio lugar a colectivos como el Grupo Sí (1960) en la ciudad de La Plata.

Esta exposición reúne obras de artistas clave del período, incorporadas al acervo del Museo gracias a la visión de Squirru y de su sucesor, Hugo Parpagnoli. Asimismo, presenta trabajos de artistas contemporáneos en los que persisten la intensidad emocional, la tensión de los materiales y la velocidad expresiva de los gestos de aquel movimiento.

El espectador en movimiento

Con la formación de Le Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV) en París, en 1960, se inauguró una segunda etapa del arte abstracto. Sus principales motores serían el movimiento —que convierte la obra en una máquina que interactúa con el espectador— y los efectos ópticos, que generan dinamismo en superficies estáticas mediante ilusiones visuales basadas en la geometría y la física de la luz.

Este período coincide con el auge de las fenomenologías de la percepción y de la psicología gestáltica, que entienden la percepción humana como un proceso activo y no como mera recepción de estímulos. Otra influencia crucial fueron las teorías de la comunicación de la década de 1960 —como la semiología y los estudios sobre publicidad—, que hacia el final del período propiciarían el surgimiento del arte conceptual. 

Siguiendo estas tendencias, el arte pop argentino se apropió en clave irónica y lisérgica de imágenes y objetos provenientes de la cultura de masas, el diseño gráfico, las telecomunicaciones y la vida urbana. Una atracción por lo popular que, a su manera, exploró las relaciones entre percepción y experiencia social. Aunque aún no se establecía una identificación directa entre arte y comunicación, ya era evidente la centralidad del espectador como sujeto activo de la experiencia estética.

Nuevas figuraciones, nuevos cuerpos

Movilizados por los cambios culturales de la Segunda Guerra Mundial y por corrientes de pensamiento como la filosofía existencialista y el psicoanálisis—, Ernesto Deira, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega irrumpieron en la escena porteña hacia 1960 con un nuevo “estallido de la pintura”. La crítica los reunió bajo el nombre de Nueva Figuración (1961-1965), destacando la singularidad expresiva y la densidad material con las que restituyeron la figura humana en obras de gran formato. Colores estridentes, collages, relieves, rasgaduras y ensamblajes forman cuerpos fragmentados que encarnan una profunda crisis cultural.

Esta “visión quebrada de la realidad”, en palabras de Luis Felipe Noé, no solo transformó las posibilidades expresivas de la pintura de su tiempo, sino que también influenció a sucesivas generaciones de artistas. Desde el under de la posdictadura —como Sergio De Loof— y los comienzos de los 2000 —como Nicanor Aráoz— hasta creadores contemporáneos, como Carrie Bencardino, Clara Esborraz, Amanda Tejo Viviani, Trinidad Metz Brea y La Chola Poblete —cuyas obras fueron incorporadas recientemente al acervo del Museo—, sus ecos persisten en prácticas que reconfiguran el cuerpo y sus afectos con visiones que cuestionan las formas culturales de la identidad y el deseo.

Arte, denuncia y resistencia

Durante la última dictadura militar (1976-1983), el arte asumió una posición de resistencia a los secuestros y desapariciones, la tortura y la censura. Para denunciar al poder, numerosos artistas retomaron la experimentación de los años sesenta —el arte conceptual, los nuevos soportes y las investigaciones de la figura humana, el lenguaje y la comunicación—, entrelazada con sus propias biografías.

En la serie “Amordazamientos” (1972-1978), Alberto Heredia simbolizó la violencia represiva mediante cuerpos fragmentados, realizados con yeso, gasas y objetos médicos. En obras producidas tanto en el país como en su exilio (1976), León Ferrari denunció la censura con metafóricas escrituras en código y experimentaciones gráficas con el lenguaje. Por su parte, el artista conceptual Luis Pazos exploró el cuerpo como elemento escultórico y visual, pero también como un lenguaje colectivo para evocar la violencia política.

Tras el retorno democrático (1983), una nueva generación de artistas retomó estas estrategias para indagar los efectos del autoritarismo en los vínculos sociales y las tensiones entre cuerpo, presencia y ausencia. Guillermo Kuitca, por ejemplo, supo representar este sentimiento de época en obras de atmósfera intimista que escenifican relaciones complejas entre la memoria y la subjetividad. 

Nuevas comunidades

Tras la dictadura, a partir de 1983, se produjo un regreso a la pintura de una expresividad desbordada, vinculada a la estética punk, los circuitos underground y el teatro experimental. Los artistas frecuentaban espacios alternativos vibrantes, como el Café Einstein y el taller La Zona, espacios experimentales que encontrarían una continuidad institucional en la apertura de la galería del Centro Cultural Rojas, en 1989. 

En este contexto, emergió una nueva sensibilidad que delinearía el arte contemporáneo de las décadas siguientes. El desparpajo del fin de la represión estatal quedó plasmado en obras de soportes frágiles, pero gestos y conceptos audaces. Su origen fue el encuentro nocturno, las comunidades afectivas y la celebración de la diversidad sexual.

A esta urgencia expresiva de los años ochenta, le siguió una resignificación de lo festivo y una relectura de la belleza como atributo activo de la imagen. Durante los años noventa, a los restos de ese retorno eufórico se sumaron los primeros indicios de una nueva crisis económica y social. La estética, nutrida por lo artesanal, lo íntimo y lo decorativo, se transformó en un comentario silencioso sobre la fragilidad del cuerpo y la importancia del cuidado colectivo.

Diseño, modernidad y vida cotidiana

Entre 1930 y 1950, el hogar se convirtió en un espacio de experimentación para el diseño de la vida moderna.

A las firmas extranjeras que dominaban el contexto nacional, se sumaron iniciativas locales orientadas al desarrollo de nuevos medios de producción y a la fabricación en serie, con figuras pioneras como Alejandro Bustillo, el Grupo Austral, Tomás Gonda y César Jannello, que impulsaron un cambio ideológico basado en el funcionalismo y la racionalidad.

En esta época, el aporte de importantes arquitectos y diseñadores inmigrantes, formados en escuelas europeas, como Susi Aczel, Martin Eisler y Herman Loos, y la aparición de las primeras firmas de mobiliario moderno local consolidaron un campo profesional propio.

Varias de estas piezas ingresaron a la Colección gracias a la gestión de Ricardo Blanco en los 2000. En 2025, el Museo Moderno inauguró una nueva etapa de crecimiento de la Colección a partir de la incorporación del rol de Curador de Diseño Argentino.

Utopía industrial

Durante la década de 1960, el diseño en la Argentina se consolidó como una práctica estratégica, vinculada al desarrollo industrial, la cultura de masas y el imaginario pop.

La disciplina se consolidó con el surgimiento de organismos públicos, como el Centro de Investigación del Diseño Industrial, que promovieron la vinculación entre el diseño y el ámbito empresarial, y la apertura de los primeros departamentos de Diseño en empresas de mobiliario y bienes de consumo, con figuras como Reinaldo Leiro (Buró) y Ricardo Blanco (Indumar). La estrategia también se aplicó a las empresas de electrónica de consumo, con Hugo Kogan (Aurora) y Roberto Nápoli (Noblex), que desarrollaron nuevos dispositivos tecnológicos.

En este período, el Instituto Torcuato Di Tella, en donde convergían el arte, el diseño y la cultura pop, reunió a figuras como Dalila Puzzovio, en la vanguardia del diseño de indumentaria. El diseño gráfico también experimentó un cambio radical, con figuras como Rubén Fontana, Juan Carlos Distéfano y Guillermo González Ruiz, quienes se centraron en la tipografía como elemento articulador de la composición visual, en sintonía con las investigaciones ópticas y perceptivas del período.

Moderno y MetaModerno: La casa de los artistas argentinos

En el 70 Aniversario del Museo Moderno, celebramos a los artistas que han habitado esta gran casa del arte argentino con una selección de obras de nuestra Colección de Fotografía.

Realizadas por destacados fotógrafos, estas imágenes conforman un conjunto de tono íntimo, en el que se aprecian las historias de amistad y trayectorias compartidas en la mirada cómplice con la que se retrata al colega. Estas tomas que documentan aspectos cotidianos de la creación —talleres, herramientas y materiales de trabajo—contribuyeron a acercar al gran público la figura de los artistas. A su vez, gracias a la lente atenta que se detiene en gestos, atuendos y entornos domésticos, permitieron que también emergiesen sus rasgos más vivos y humanos.

De este modo, Moderno y MetaModerno presenta un homenaje a los lazos que los artistas tejen entre sí, una trama de vínculos y afinidades que este Museo reconoce como parte constitutiva de su propia historia. 

Artistas y Diseñadores: Susi Aczel, Roberto Aizenberg, Josef Albers, Carlos Alonso, Julián Althabe, Joaquín Aras, Nicanor Aráoz, Carmelo Arden Quin, Sergio Avello, Elba Bairon, Eduardo Basualdo, Carlota Beltrame, Carrie Bencardino, Antonio Berni, José Antonio Berni, Ricardo Blanco, Martín Blaszko, Sofía Bohtlingk, José Antonio Bonet, Alejandro Bustillo, Juana Butler, Eduardo Alejandro Cabrejas, Osmar Bartolomé Cairola, Antonio Caro, Carmelo Carrá, Juan Carlos Castagnino, Pérez Celis, Luis Centurión, Elda Cerrato, María Luisa Colmenero, Eugenia Crenovich, María D’Avola, Flavia Da Rin, Jorge Daguerre, Ernesto Deira, Sergio De Loof, Jorge De la Vega, Juan Del Prete, Hugo Demarco, Germaine Derbecq, Noemí Di Benedetto, Juan Carlos Distéfano, Jorge Doujan, Thomas Downing, Ana Eckell, Martín Eisler, Clara Esborraz, Jorge Ferrari Hardoy, León Ferrari, Fanny Fingermann, Rubén Fontana, Luis Frangella, Arnoldo Gaite, Ana Gallardo, Ricardo Garabito, Carlos García Bes, Rodrigo García Bes, Santiago García Sáenz, Nicolás García Uriburu, Noemí Gerstein, Edgardo Giménez, Alberto Goldenstein, Tomás Gonda, Guillermo González Ruiz, Alberto Greco, Silvio Grichener, Silvia Gurfein, Graciela Hasper, Annemarie Heinrich, Alberto Heredia, Alfredo Hlito, Enio Iommi, César Jannello, Eduardo Joselevich, Kenneth Kemble, Hugo Kogan, Guillermo Kuitca, Juan Kurchan, Alejandro Kuropatwa, Fernanda Laguna, Julio Le Parc, Reinaldo Leiro, Noé León, Valentina Liernur, Alfredo Londaibere, Hermann Loos, Raúl Lozza, Eduardo Mac Entyre, Víctor Magariños, Sameer Makarius, Tomás Maldonado, Hilda Mans, Liliana Maresca, Federico Martino, Alcides Martínez Portillo, María Martorell, Juan Melé, Trinidad Metz Brea, Estanislao Mijalichen, Gian Paolo Minelli, Marta Minujín, Roberto Nápoli, Pedro Otero, Eduardo Painceira, Margarita Paksa, Luis Pazos, Martha Peluffo, Sandro Pereira, Emilio Pettoruti, Anselmo Piccoli, Tiziana Pierri, La Chola Poblete, Rogelio Polesello, Lincoln Alfredo Presno Hargain, Alfredo Prior, Alejandro Puente, Dalila Puzzovio, Valentina Quintero, Emilio Renart, Juan Carlos Romero, Anatole Saderman, Rubén Santantonín, Cristina Schiavi, Rosana Schoijett, Antonio Seguí, Eduardo Serón, Aldo Sessa, Carlos Silva, Juan Stoppani, Pablo Suárez, Amanda Tejo Viviani, Juan Tessi, Luis Tomasello, Silvia Torras, Leila Tschopp, Georges Vantongerloo, Gregorio Vardánega, Miguel Ángel Vidal, Sesostris Vitullo, Luis Alberto Wells, Judi Werthein, Amancio Williams, Wolanow Cecilia María y Guido Yannitto

Curaduría: Victoria Noorthoorn, Patricio Orellana, Pino Monkes, Franco Chimento, Nicolás Cuello, Raúl Flores, Jorge Ponzone y Valeria Semilla
Investigación: Equipos de Curaduría, Patrimonio y Conservación
Diseño museográfico: Iván Rösler
Producción: Martina Estelí