Esta exposición surge de la iniciativa y del esfuerzo conjunto entre el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado.
La selección de obras pertenecientes al extraordinario patrimonio del Museo Moderno que hoy se despliega en la Sala PAyS (Presentes, Ahora y Siempre) no es fortuita. Se trata de un conjunto de piezas históricas que dialogan de manera crítica y sensible con la carga histórica y emocional de este sitio. La memoria de la colección. El Moderno en el Parque propone un recorrido por las diversas estrategias poéticas que los artistas desarrollaron aun en tiempos de censura y en la posterior recuperación democrática. A través de obras que interpelan nuestra construcción identitaria frente a la fractura social y política provocada por la dictadura, los artistas denunciaron la violencia de aquellos años y aportaron su lucidez y sensibilidad al proceso de elaboración del trauma social.
A medio siglo de aquel quiebre institucional, esta alianza reafirma el compromiso de ambas instituciones con la Memoria, la Verdad y la Justicia. Invitamos al público a recorrer esta muestra no solo como una invalorable experiencia estética, sino también, y fundamentalmente, como un acto de ciudadanía. Que estas maravillosas obras sirvan para fortalecer el lazo inquebrantable de nuestra sociedad con el “Nunca Más”.
Florencia Battiti, Directora del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, y Victoria Noorthoorn, Directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Al cumplirse 50 años del golpe de Estado que dio lugar a la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983), el Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado convocó al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires a presentar esta importante exposición de su patrimonio histórico, con el propósito de visibilizar cómo respondió la comunidad artística a uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia nacional. La memoria de la colección. El Moderno en el Parque fue organizada conjuntamente por las dos instituciones públicas, dependientes de la Dirección General de Derechos Humanos y el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, respectivamente.
La exhibición presenta el trabajo comprometido de grandes artistas de nuestro país, quienes, a través de sus obras, pusieron de manifiesto y condenaron la violencia del terrorismo de Estado. Este régimen impuso una política sistemática de censura, secuestros, torturas y asesinatos que implicó la desaparición forzada de 30.000 personas, además del exilio de tantas otras. Frente a la imposibilidad de guardar silencio ante estas atrocidades, los artistas se sirvieron de la representación fragmentada de la figura humana, la codificación del lenguaje y la capacidad evocativa de la abstracción y las prácticas conceptuales. De este modo, lograron eludir la censura para elaborar, denunciar y resistir las consecuencias de lo que acontecía.
Las obras aquí reunidas, producidas entre mediados de los años sesenta y comienzos de los ochenta, nos ofrecen una reflexión crítica sobre el pasado reciente, indispensable para producir el sentido social que comprenda y resguarde tantas memorias personales y colectivas.
Esta exposición afirma el diálogo y la colaboración entre instituciones públicas que sostienen la importancia del arte para el conocimiento de la historia y la elaboración continua de nuestra memoria colectiva. Este compromiso es una herramienta fundamental de la creación de espacios de encuentro, conversación y reflexión necesarios para el fortalecimiento de los valores democráticos y el respeto integral de los derechos humanos, tanto en el presente como en la construcción de nuestro futuro común.
Nicolás Cuello, Curador del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y Cecilia Nisembaum, Curadora del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado
La década de 1960 estuvo marcada por profundas transformaciones políticas, sociales y culturales. Las consecuencias de la Guerra Fría, el impacto de la Revolución cubana, los procesos de descolonización en África y la emergencia de movimientos contraculturales juveniles fueron algunos de los cambios centrales de la segunda mitad de un siglo convulsionado. En la Argentina, las transformaciones se desarrollaron en el marco de una acelerada modernización y de una creciente conflictividad política. El frágil orden institucional produjo una alternancia entre gobiernos civiles condicionados por las fuerzas armadas y regímenes dictatoriales, entre ellos el de Juan Carlos Onganía (1966).
En este complejo escenario, los artistas emprendieron una revisión crítica de la función social del arte y, a partir de la experimentación con sus materiales, representaron esta crisis histórica a través de la distorsión de la figura humana. Esta sala incluye obras del grupo Nueva Figuración (1961-1965), integrado por Jorge de la Vega, Rómulo Macció, Ernesto Deira y Luis Felipe Noé. El compromiso de este último con una nueva imagen del ser humano se manifestó en pinturas de gran formato y colores estridentes, con collages, telas rasgadas y objetos ensamblados como metáfora de la fragmentación del cuerpo social. Por otro lado, artistas como León Ferrari y Alberto Heredia abordaron el autoritarismo político en ascenso con estéticas que recurrieron a la codificación del lenguaje o el amordazamiento del cuerpo, para transmitir su testimonio urgente.
Durante la dictadura militar, en un contexto en el que imperaban la represión, la censura y la desaparición forzada, la representación directa de la violencia estatal en el arte se volvió cada vez más riesgosa. Frente a este escenario, numerosos artistas recurrieron a estrategias indirectas para elaborar el impacto del terrorismo de Estado, como la experimentación gráfica, las prácticas conceptuales y la abstracción.
Esta fractura de lo visible puede reconocerse en las obras de Paulina Berlatzky, Juana Butler, Elda Cerrato, Josefina Mazzaglia y Josefina Quesada, cuyas producciones se dedican a la creación de imaginarios utópicos, las exploraciones espirituales de la materia pictórica y las aproximaciones experimentales al conocimiento científico y político. En estas obras, la abstracción y la estética surrealista no implican alejarse de lo real, sino que indagan sobre aquello que escapa a la representación directa: fuerzas invisibles, estados alterados de conciencia y memorias latentes de una época atravesada por la violencia.
Esta sala despliega un conjunto de obras atravesadas por las relaciones entre el trabajo, la juventud y la movilización popular. Reúnen una serie de estrategias artísticas para denunciar la violencia y el abuso de poder en el agitado clima político de la década del setenta.
El espacio está organizado en torno a la impactante instalación Algunos oficios, de Víctor Grippo, que reivindica el trabajo manual a través de diferentes escenas de oficios de una época pasada. En todas ellas, la tarea está en marcha, por lo que el trabajador podría regresar en cualquier momento o haber acabado de irse y abandonado el trabajo, lo que permite pensar en esta obra de 1976 como la representación de actividades a las que los trabajadores se vieron obligados a no volver, es decir, posibles escenas de desaparición.
En diálogo con esta obra, se presentan otras piezas en las que el sujeto trabajador y su dimensión política es central, como es el caso de las pinturas de Ricardo Carpani y Elena Diz. Asimismo, las fotografías de Sara Facio refuerzan la relación entre la juventud y la participación política, al colocar en primer plano los rostros de jóvenes militantes en los funerales de Perón.
Bajo la censura y la violencia impuestas durante los años de dictadura, los artistas encontraron diferentes modos para dar respuesta al silenciamiento a través de investigaciones que se valieron de recursos gráficos y de la utilización de los medios de comunicación. Entre ellos, Leandro Katz trabajó sobre la figura de Monika Ertl, una periodista y militante comunista cuya trayectoria desató grandes debates acerca de la función del periodismo gráfico en la legitimación de la violencia política.
Asimismo, artistas reconocidos como León Ferrari y Mirtha Dermisache, al tomar la palabra como materia de experimentación plástica, crearon lenguajes propios para decir aquello que no era posible expresar libremente. La obra caligráfica de escritura indescifrable de Mirtha Dermisache y los códigos y alfabetos de León Ferrari funcionan como una resistencia ante la vigilancia del sentido.
La obra Eros de Marie Orensanz establece una relación particular con el Parque de la Memoria. A modo de manifiesto, está compuesta por doce frases y comienza con un enunciado: “El pensar es un hecho revolucionario…”, presente en una escultura de la artista. Emplazada en el espacio público, la pieza alude a la censura y a la circulación de información sesgada durante el accionar de la última dictadura militar.
A partir del 10 de diciembre de 1983, la recuperación de la democracia en la Argentina estuvo marcada por demandas de libertad individual, la ocupación popular del espacio público y la reactivación del debate político. Esta etapa —conocida como “primavera democrática” o “destape cultural”— condensó un conjunto heterogéneo de prácticas simbólicas que procesaban el trauma de la violencia represiva del Estado, tanto desde la exaltación de las formas pictóricas como de propuestas performáticas centradas en el uso del cuerpo.
Las obras de gran formato incorporaron técnicas como el collage —alusivo al consumo masivo de revistas culturales—, la experimentación gráfica de la joven contracultura punk y la libertad gestual de la pintura. Entre la euforia y la sospecha de las promesas de la democracia, artistas de distintas generaciones frecuentaron espacios alternativos de sociabilidad, como el Café Einstein, el taller La Zona, el Centro Parakultural o Cemento. Allí, exploraron nuevas estrategias para reflexionar sobre el significado de la representación y las tensiones producidas por la presencia o la ausencia del cuerpo humano. A la vez, elaboraron su propia visión sobre las secuelas de la desaparición forzada de personas, documentaron las consecuencias de la guerra de Malvinas (1982) y participaron de las acciones de Madres de Plaza de Mayo y el emergente Movimiento de Derechos Humanos en favor de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Artistas: Paulina Berlatzky (La Plata, 1918), Oscar Bony (Buenos Aires, 1941), Marcelo Brodsky (Buenos Aires, 1954), Silvia Brewda (Buenos Aires, 1949), Juana Butler (Buenos Aires, 1928), Juan José Cambre (Buenos Aires, 1948), Ricardo Carpani (Tigre, 1930), Ricardo Carreira (Buenos Aires, 1948), Juan Carlos Castagnino (Mar del Plata, 1908), Elda Cerrato (Asti, Italia, 1930), Jorge Demirjian (Buenos Aires, 1932), Mirtha Dermisache (Buenos Aires, 1940), Juana Elena Diz (Buenos Aires, 1925), Diana Dowek (Buenos Aires, 1942), Ana Eckell (Buenos Aires, 1947), Sara Facio (San Isidro, 1932), León Ferrari (Buenos Aires, 1920), Norberto Gómez (Buenos Aires, 1941), Carlos Gorriarena (Buenos Aires, 1925), Víctor Grippo (Junín, 1936), Alberto Heredia (Buenos Aires, 1924), Enio Iommi (Rosario, 1926), Leandro Katz (Buenos Aires, 1938), Carlos Langone (Buenos Aires, 1945), Rómulo Macció (Buenos Aires, 1931), Josefina Mazzaglia (Vicente López, 1923), Marta Minujín (Buenos Aires, 1943), Osvaldo Monzo (Buenos Aires, 1950), Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 1933), Marie Orensanz (Mar del Plata, 1936), Diulio Pierri (Buenos Aires, 1954), Josefina Quesada (Buenos Aires, 1930), Juan Carlos Romero (Avellaneda, 1931), Gabriel Salomón (Buenos Aires, 1943), Alejandro Santamarina (España, 1941), Juan Manuel Sánchez (Buenos Aires, 1930), Antonio Seguí (Villa Allende, 1934), Carlos Ernesto Uría (Buenos Aires, 1929), Edgardo Antonio Vigo (La Plata, 1928), Horacio Zabala (Buenos Aires, 1943).
Ubicación: Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, Av. Costanera Rafael Obligado 6745, CABA