Sebastián Gordín. Un extraño efecto en el cielo

Los grandes artistas son quienes logran traducir en sus trabajos, sin necesidad de grandes explicaciones, su visión del mundo. Tal es el caso de Sebastián Gordín (n. 1969, Buenos Aires), un artista fascinante que creció entre el Ital Park, los cines míticos de Buenos Aires, la Escuela Nacional de Bellas Artes y las canchas de fútbol.

Sus escenas y construcciones en pequeña escala se nutren de los estilos cultivados por el cine de ciencia ficción, las antiguas revistas de crimen y misterio, las historietas clásicas y los libros de fábulas, y se despliegan como cajas musicales. Proponen no solo una escena muy particular –a veces verosímil, la más de las veces no–, sino un punto de vista, un lente desde el cual enmarcar ya sea la realidad o la fantasía: en ellas, el drama, la soledad y la muerte convergen y se eternizan en un clímax prodigioso. Asimismo, la escala y el detalle nos permitieron reconstruir una narración secreta de la cual los espectadores –devenidos voyeurs o fisgones– solo conocemos algunos pormenores materiales. Gordín nos abrió sus escenarios para que los percibiéramos desde la perspectiva de un detective que debe desentrañar un secreto. La exposición culminó en la sala del subsuelo con las series “Museos”, “Bibliotecas” y “Nocturnos”. Así, Gordín crea, dentro del museo mayor, pequeños museos a los que los visitantes no pudieron entrar, pero sí asomarse, y recorrer en su imaginación, como en la infancia.

Esta fue una muestra de guiños, picardías, temores infantiles, fantasías y amables pesadillas. Fue una exposición que podría pensarse como una enorme lupa que invita a acercarse y a mirar, muy, muy de cerca.