Débora Pierpaoli. Si existiera

La instalación incluyó esculturas y objetos de producción reciente de la artista, que suele recurrir a una diversidad de materiales para componer su trabajo: la cerámica, el oro, el bronce, el óleo. Todos estos materiales tienen una rica tradición dentro de la historia del arte, pero, en el marco de su producción, pierden sus connotaciones tradicionales y funcionan como contrapunto de cierta oscuridad de las imágenes que propone.

En sus obras se evidencia cierto caos, la voluntad deliberada de un hacer que desconoce de reglas. Se presentaron bocetos –y ciertamente muchas anotaciones mentales– sobre el objeto, la pintura o la construcción a realizar. Dibujo o arcilla, no importa el medio; lo que se verifica y puede adivinarse es el arrojo en volcar algo que no se dirá con palabras pero que se encuentra latente, como en la intención de atrapar un momento y congelarlo.

El imaginario de la artista está compuesto por diversos personajes y objetos: páginas de piedra, máscaras y animales de cerámica. Los objetos de las instalaciones conforman un extraño universo con leyes propias. Un ratón tiene la misma importancia en la historia que un humano, un pájaro o un libro y, de alguna manera, se van potenciando mutuamente. La cosmogonía de seres y objetos, además, incorpora de alguna manera en su obra una espiritualidad pagana.