Adentro no hay más que una morada

34 artistas argentinos

Adentro no hay más que una morada reúne obras recientes de treinta y cuatro artistas de distintas regiones de la Argentina que revelan una voluntad de canalizar y potenciar su vínculo con el entorno ‒ya sea material, intangible o incluso espiritual‒. Mayormente producidas durante el último par de años y atravesadas por la experiencia de aislamiento y arraigo en la que nos sumergió la pandemia, las obras funcionan como declaraciones de existencia. Son modos de indicar que estamos vivos mediante la producción de signos, señales y acciones sobre lo que nos rodea, de formas e imágenes que expresan el deseo de estrechar el vínculo con nuestra intimidad, con el otro y con aquello que nos trasciende.

El título de la exposición parafrasea un verso de la poeta argentina Olga Orozco incluido en el poema “Desdoblamiento en máscara de todos”, que dice “Desde adentro de todos no hay más que una morada”. El verso expresa la imposibilidad de distinguir entre la noción de existir y la de habitar, idea que los trabajos de la exhibición traen a la conciencia a través de imágenes, muchas de las cuales refuerzan el valor fundamental de la identidad y del sentido de pertenencia. Estas obras evidencian que la relación del individuo con su entorno es recíproca; incluso las que se nos presentan en forma de signos, geometrías y otro tipo de abstracciones de apariencia universal dejan a la vista que surgen de una localidad y una intimidad.

Mientras algunos de los trabajos de la exhibición buscan hacer reconocible en los objetos y los espacios la figura del cuerpo humano y las huellas del pulso vital, otros hacen sentir su presencia al reordenar objetos cotidianos cargándolos de valor afectivo y ritual. Muchos de los artistas recurren a materiales naturales y encontrados como un canal fundamental mediante el cual manifestarse y expresan un interés por recurrir a formas de producción artística de tradiciones ancestrales y saberes heredados o aprendidos en comunidad. Contenedoras de experiencias, de energía, de ejercicios, de labores y de mensajes, todas las obras revelan que desde nuestro más íntimo lugar podemos manifestar nuestro poder de transformar la realidad e invitan a pensar el arraigo como forma de resistencia.

La quietud y el encierro que provocó la pandemia nos volvió por momentos invisibles en la esfera pública. Estas obras son la contracara de esa imposibilidad de ser vistos. A partir de gestos, de reflejos, de búsquedas sensibles en los dispositivos tecnológicos, de la producción de lenguajes nuevos, del ordenamiento de desechos en forma de tótems o talismanes o de la voluntad de penetrar en otras materialidades e incluso en el paisaje, ellas se convierten en modos contundentes de decir “estoy presente”.

Curaduría Alejandra Aguado

Artistas participantes:

Carlos Aguirre (Arroyo Seco, Santa Fe, 1981)
Blas Aparecido (Sauce, Corrientes, 1976)
Erik Arazi (CABA, 1990)
Gonzalo Beccar Varela (Tigre, Buenos Aires, 1983)
Gala Berger (Villa Gesell, Buenos Aires, 1983)
Florencia Caiazza (Olivos, Buenos Aires, 1982)
Eugenia Calvo (Rosario, Santa Fe, 1976)
Nacha Canvas (Ushuaia, Tierra del Fuego, 1990)
Jimena Croceri (Cutral-Có, Neuquén, 1981)
Soledad Dahbar (Salta, Salta, 1976)
Benjamín Felice (San Miguel de Tucumán, Tucumán, 1990)
Dana Ferrari (CABA, 1988)
Carolina Fusilier (CABA, 1985)
Denise Groesman (CABA, 1989)
María Guerrieri (CABA, 1973)
Juan Gugger (Deán Funes, Córdoba, 1986)
Nina Kovensky (CABA, 1993)
Lucrecia Lionti (San Miguel de Tucumán, Tucumán, 1985)
Alejandra Mizrahi (San Miguel de Tucumán, Tucumán, 1981)
Florencia Palacios (Sunchales, Santa Fe, 1994)
Mauricio Poblete (Mendoza, Mendoza, 1989)
Lucía Reissig (CABA, 1994) y Bernardo Zabalaga (Cochabamba, Bolivia, 1978)
Daniela Rodi (Santa Rosa, La Pampa, 1980)
Federico Roldán Vukonich (Paraná, Entre Ríos, 1993)
Florencia Sadir (Salta, Salta, 1991)
Matías Tomás (San Miguel de Tucumán, Tucumán, 1990)
Agustina Triquell (Córdoba, Córdoba, 1983)
Florencia Vallejos (Bahía Blanca, Buenos Aires, 1993)
Francisco Vázquez Murillo (Rosario, Santa Fe, 1980)
Antonio Villa (Esquel, Chubut, 1989)
Santiago Villanueva (Azul, Buenos Aires, 1990)
Agustina Wetzel (Corrientes, Corrientes, 1988)
Ana Won (San Miguel de Tucumán, Tucumán, 1989)

Retrato de Alejandra Mizrahi en la exposición Adentro no hay más que una morada

El trabajo de Alejandra Mizrahi se inspira en los métodos artesanales de fabricación textil, especialmente el de las randas de bordado, propias de Tucumán, provincia donde reside. A partir de ellas, se abre a una gran variedad de posibilidades plásticas y ensayos técnicos. Fantasía aplicada, la obra que participa de la exposición Adentro no hay más que una morada, evoca el imaginario decorativo de este tipo de bordado y se sirve de sus técnicas, pero a la vez modifica sus tradicionales formas y usos al crear un universo de fantasía propio de la artista.

Alejandra Mizrahi nació en Tucumán en 1981. Es artista, docente e investigadora. En 2008, recibió el título de de Magister en Filosofía Contemporánea y en Estética y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Barcelona y en 2009, se doctoró en Filosofía en la misma universidad, especializada en Arte y Diseño en el área de Estética y Filosofía del Arte. Actualmente es docente de la Tecnicatura Universitaria de Diseño de Indumentaria y Textil, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán. Su obra ha sido expuesta en diferentes museos y espacios de arte del país.

Retrato de Antonio Villa en la exposición Adentro no hay más que una morada

El trabajo de Antonio Villa intenta suprimir la tensión histórica entre arte y artesanía. Retoma técnicas y materiales provenientes del sur de nuestro país, que traen su propia carga simbólica, espiritual e íntima. En Fiesta de la luna, Villa presenta un móvil realizado con maderas recolectadas en la ciudad de Esquel, donde vivió hasta su juventud, y con sahumerios industriales y artesanales ensamblados con la técnica del macramé: Una composición dinámica y libre a partir de las posibilidades que el sahumerio ofrece como estructura, lo que hace del móvil un dibujo flotante.

Beto Antonio Villa (Santa Cruz, 1989). Artista multidisciplinar; sus campos de trabajo centrales son la performance, la escritura y el teatro. Es egresado de la carrera de Dramaturgia de la EMAD. Participó en las muestras colectivas Geométrica y barata, Ni plata ni miedo, que los días sean más que todo lo que tenemos y Perfuch 3D, curada por Lolo&Lauti. Agente CIA 2017 y becario del Programa de artistas 2018 de la Universidad Torcuato Di Tella. Director de la colección Gallinero de dramaturgia contemporánea, de Rara Avis editorial. Realizó colaboraciones para revistas y publicaciones de arte. Su último proyecto en artes escénicas fue seleccionado para formar parte de la temporada de estrenos 2020 del TNA Teatro Nacional Cervantes. Obtuvo la beca de creación en Artes Visuales FNA 2019. Es director y curador de Constitución galería, junto con Martín Fernández.

Retrato de Eugenia Calvo en la exposición Adentro no hay más que una morada

El trabajo de Eugenia Calvo es reconocido por la manera en la que se vale de inusuales combinaciones, movimientos o reorganizaciones de objetos domésticos para hacer visibles la fuerza y la fragilidad que dominan en el hogar. Aunque en la obra que presenta en Adentro no hay más que una morada los objetos están en reposo absoluto, la instalación está cargada de la tensión típica de sus espacios, siempre al borde de la revuelta o del colapso. Las partes de una mesa y dos sillas, prolijamente desarmadas, se convierten en cuerpos recostados cuya
cabeza es una pantalla por la que desfilan rostros formados con objetos que provienen de ese ámbito familiar, lo que imprime personalidad y sensibilidad a la escena.

Eugenia Calvo (Rosario, 1976 – donde vive y trabaja) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Rosario. En 2018, tras su muestra individual El inicio del movimiento en la Galería Diego Obligado de Rosario, recibió la beca Pollock-Krasner Foundation. Además de realizar numerosas exposiciones individuales y colectivas ‒tanto nacionales como internacionales‒, coordinó el Área de Educación del Museo MACRO. En la actualidad es docente en la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto de Rosario. Entre otros reconocimientos, obtuvo la beca Gasworks (2005), el Primer Premio arteBA Petrobras (2006), el CIFO Grants and Commission Program (2010), la Mención especial en la Bienal Internacional de Cuenca (2011) y la Beca Pollock Krasner Foundation (2017).

Retrato de Agustina Triquell en la exposición Adentro no hay más que una morada

La obra de Agustina Triquel Todo lugar es el centro del mundo está compuesta por un video, impresiones y fotografías que comparten un mismo imaginario poético y reflexivo sobre los procesos de radicación de las comunidades en el territorio. Los distintos elementos fueron reunidos durante el proceso de afincarse en tierras aisladas de las sierras de Córdoba y vincularse con comunidades aledañas, a las que ofreció participar en talleres de fotografía. Los resultados de explorar la alquimia del proceso fotográfico constituyen una metáfora acerca de las transformaciones y huellas que producen los cuerpos colectivos.

Agustina Triquell (Córdoba, 1983 – vive y trabaja entre Córdoba y Buenos Aires) es artista, investigadora social y editora. Recibió la Beca Bicentenario a la Creación (2016), becas grupales y becas para artistas del interior del Fondo Nacional de las Artes (2010). Ha sido premiada por diferentes instituciones del país y ha expuesto en Argentina, Irlanda, Uruguay, Chile y Paraguay. Desde 2015 dirige la editorial Asunción, con Alejandra González, y desde 2011 es parte del Programa de Ciudadanía y Derechos Humanos del Instituto de Desarrollo Económico y Social.

Retrato de Blas Aparecido en la exposición Adentro no hay más que una morada

La serie “Altares portables” de Blas Aparecido está compuesta por prendas que llevan bordadas imágenes devocionales que provienen de lo que el artista llama un “frenesí de credos”. Figuras sagradas y paganas que convocan la presencia de la Virgen de Itatí, el Gauchito Gil o Gilda conviven con un sinnúmero de otros símbolos y adornos creando una suerte de escudos con los que protegerse de las miserias y expresar la fe. Lentejuelas, bordados, perlas de fantasía, canutillos o dijes se combinan con objetos personales o encontrados y se exhiben junto a fragmentos de oraciones, poemas o pensamientos. Estos materiales y referencias, en su diversidad, son cosidos a mano por Aparecido, para quien el proceso de bordado constituye también un tiempo de entrega. En la reunión de esos elementos inscribe deseos y promesas que transforman las prendas y accesorios que llevamos en “torres de energía cósmica”, construidas a partir de un credo auténtico y personal.

Blas Aparecido. Sauce, Corrientes (Argentina), 1976 – donde vive. Licenciado en Publicidad y Comunicaciones Estratégicas, Diseñador Gráfico y Publicitario. En 2013 comenzó a hacer intervenciones artísticas en escenarios no convencionales, tanto en el espacio público como privado. En ellas abordó la espiritualidad, la religiosidad, la diversidad de la fe, la acción ritual del sincretismo religioso y sus manifestaciones en la práctica artística. Trabajó como asistente de Santiago Bengolea para el proyecto Red Galería, entre otras actividades. Ha participado en muestras individuales y colectivas en el ámbito regional y nacional. Actualmente trabaja en gestión cultural como coordinador del espacio El Quiosquito, en la ciudad de Resistencia, Chaco.

Retrato de Soledad Dahbar en la exposición Adentro no hay más que una morada

La obra Manifestación, de Soledad Dahbar, compuesta por la repetición y el agrupamiento de círculos, cuadrados y triángulos adosados a un listón de madera, configuran un conjunto de pancartas en reposo, en el que se unen el activismo artístico con el político. La proporción de los colores del cobre, la plata y el oro representa los porcentajes del contenido de estos minerales contenidos en el suelo y las montañas del noroeste Noroeste argentino, que están siendoson actualmente explotados por la megaminería. El orden de las pancartas dibuja un horizonte y una silueta de montañas polícromas, en alusión a los metales extraídos del paisaje salteño, que se recomponen en su estado original en la tierra.

Soledad Dahbar nació en la ciudad de Salta en 1976, donde vive actualmente. Cursa la Maestría en Estéticas Contemporáneas Latinoamericanas en la Universidad Nacional de Avellaneda. Desde 2015 dirige el proyecto de artes visuales La Arte. En 2021 fue seleccionada para el Salón Nacional de Artes Visuales, Premio 8M y Premio Fortabat. Recibió distinciones en el Premio Fundación Andreani (2013) y en el XXXI Salón Provincial de Salta (2012), entre otras. En 2021 se le otorgó el Fondo Metropolitano y Mecenazgo y, en 2019, la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes y la Beca Plataforma Futuro del Ministerio de Cultura de la Nación. Entre los proyectos colaborativos que coordinó, se destacan Tierra suelta (Cachi, Salta, 2017), con Andrea Fernández; Residencia Puente Campamento Vespucio (Gral. Mosconi, Salta, 2016), con Santiago Gasquet; Residencia telúrica II (San Carlos, Salta, 2013) y 5 intenciones y 1 defecto (2012). Coordinó, junto a las artistas Ana Benedetti y Roxana Ramos, el proyecto La Guarda (Salta, 2006-2009).

Retrato de Carlos Aguirre en la exposición Adentro no hay más que una morada

La obra de Carlos Aguirre está compuesta por un universo material de las más diversas procedencias: papeles, cajas, metales, ramas o alambres se integran en sus pinturas y esculturas, junto con otros elementos de mayor legitimación artística como pintura acrílica, yeso o mármol. Los materiales responden a un particular modo de coleccionismo, estimulado por la atención a la belleza de lo simple y a una práctica incesante que se despliega entre el hallazgo, el atesoramiento y el reordenamiento. Dominados por una energía creativa y lúdica, los materiales participantes dejan su función útil y se constituyen como forma y color en un nuevo orden plástico que realza el carácter único del objeto y descubre su belleza atemporal.

Carlos Aguirre nació en Arroyo Seco, Santa Fe en 1981 y actualmente vive en Rosario. Es Diseñador Gráfico por la Escuela Superior de Diseño de Rosario. Transitó la carrera de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Se formó con artistas como Claudia del Río, Marcia Schvartz y Carlos Herrera, entre otros. Fue becado en varias ocasiones por el Fondo Nacional de las Artes y por el Ministerio de Cultura de la Nación para instancias de formación y desarrollo de proyectos, y fue seleccionado para diferentes salones y certámenes del país y del extranjero. En el 2017 realizó una residencia artística en la ciudad de Treviso, Italia. Expuso su obra en espacios y galerías de Rosario, Buenos Aires, Santa Fe y diferentes ciudades de Italia.