Signos

El arte ha tenido siempre la capacidad de transformar materiales y objetos en piezas destinadas a la admiración, al estudio y la contemplación. Alberto Greco fue un artista que abandonó esa tradición y abrió un nuevo espacio de observación de la realidad a través de marcas, signos y señalamientos. Así extendió tanto los límites disciplinares del arte como el arte mismo. La apertura de su primera gran exposición producida en la Argentina, Alberto Greco: ¡Qué grande sos!, nos convoca a reactivar la aventura de un arte vivo.

En el mes de abril, el Museo Moderno invita a participar de “La aventura de lo real”, y vivenciar las palabras iniciales del Manifiesto Vivo-Dito del Arte-Vivo con el que Greco empapeló las calles de Roma en 1962: “El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle”. El arte del vivo-dito (en italiano, dito significa dedo) es una acción en la que, a través de señalar, encerrar con un círculo de tiza o firmar convierte objetos, personas o situaciones de la vida cotidiana en obras de arte efímeras y espontáneas. Greco propone tomar aquello que nos rodea como una experiencia artística que renueva nuestro vínculo con el mundo. Esto nos recuerda que la cultura no da nunca sentidos totalmente transparentes, estables o cerrados, sino móviles y cambiantes.

Con esta motivación, las señales de Greco transforman lo aprendido en el arte y se expanden con acciones concretas que desde el Museo proponemos desplegar en sus diferentes dimensiones. Convocamos a un conjunto de artistas a recuperar el vivo-dito como gesto radical y a señalar lo que acontece hoy: las marcas contemporáneas de lo cotidiano, el pulso de las diferentes ciudades del país, los objetos familiares que nos rodean. El vivo-dito es siempre una acción contemporánea y se enciende con la fuerza del presente. Esta premisa nos impulsa, entonces, a ampliar la invitación para que los señalamientos sean adoptados también por la comunidad, haciendo que fotografías, videos, voces y gestos conformen una imagen coral de la complejidad del presente.

Mientras que esta convocatoria es impulsada desde #MuseoModernoEnCasa, localizada en las diferentes redes sociales del museo, proponemos que otra acción nos reúna desde la escritura, las huellas, los gestos y el dibujo. El departamento de Educación del Museo Moderno invita a recrear el Manifiesto rollo vivo-dito, una obra que Greco realizó en Piedralaves (España) con un rollo de papel de 300 metros de largo por 10 centímetros de ancho. Este rollo fue el soporte de firmas, dibujos, collages y escrituras de la comunidad de aquel pueblo, principalmente de niños y niñas que se acercaron a dejar su marca, y materializar así una suerte de cadáver exquisito gráfico. Pondremos en circulación un nuevo rollo para ser intervenido por distintas comunidades de la ciudad y del país, y exhibido como una acción colectiva y actual.

La posibilidad de pensar la escritura como una línea infinita, como una textura sobre el papel o, incluso, como una talla anónima sobre mobiliarios resuena en la obra de Ulises Mazzucca, presentada en su exposición Gimnasia espiritual. En su obra, la biografía es dibujo; la escritura, caligrama y la palabra, enunciación de la vida urbana anónima. ¿Será la escritura, finalmente, un tipo de gimnasia? En este ejercicio, al igual que en la obra de Greco, la relación entre escritura y biografía se articula primordialmente por la experiencia, fuente de una caligrafía al mismo tiempo íntima, colectiva y relacional.

Siguiendo esta dirección y asumiendo sus derivas, la mirada expansiva y contagiosa que propone Greco se despliega también por el museo como resonancias, ecos y signos sobre el conjunto de obras y exposiciones que pueden visitarse en los diferentes espacios. Las intervenciones de Cotelito (Vuelvo como un jardín después del invierno) y Diana Aisenberg (Mística robótica en la economía de cristal) operan con la pintura o la acumulación de objetos sobre la transformación de la arquitectura y la mutación de los espacios. Desde esta perspectiva, la instalación de gran escala que Nicanor Aráoz realizó especialmente para la exposición Sueño sólido conceptualiza la sala como un territorio que reaviva la preocupación de lo sensible del ser humano en vínculo con la brutal realidad contemporánea. Señala las tensiones y disoluciones entre lo real y lo virtual, entre naturaleza y acciones humanas como enunciación de un pacto con el presente. Una forma concreta de manifestación de ese pacto está en el interés por la fiesta (en la exposición, una rockola reproduce aleatoriamente un set de música vintage). Lo festivo, entonces, es un ritual en el que se convoca a un hecho comunitario en el que el arte se manifiesta más como una forma de intervenir en el mundo que como un intento de dar respuestas.

En esta línea, inscribimos también Plano inesperado, la intervención de Elian Chali sobre la fachada del museo, como una geometría elástica capaz de diluir los límites entre el adentro —museo— y el afuera —ciudad—. Estos gestos son pensados por el artista como puntos de una acupuntura urbana que intentan aliviar el dolor para que la ciudad pueda aparecer en su esplendor al reactivar la circulación y avivar el movimiento. Si hasta aquí la permeabilidad de las obras aborda su capacidad transformadora de los contextos y espacios, en la obra de Elda Cerrado, presentada en El día maravilloso de los pueblos, el procedimiento es inverso. Allí se circunscriben zonas dentro de formas geométricas, mapas y muchedumbres que señalan realidades precisas y nos revelan tanto el contexto específico latinoamericano como otros planos que exceden esa realidad material. Estas obras, junto a las acciones propuestas por Greco, son una invitación a la agitación permanente de los sentidos que alienta un contacto atento con lo cotidiano: el movimiento, la gente, el tiempo, los lugares, los olores, las conversaciones, las situaciones. Un impulso que hace del arte un modo de enseñar a mirar de nuevo, a percibir lo real como la verdadera aventura.
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Resonancias de Alberto Greco en la obra de Elda Cerrato

En esta nueva propuesta de Museo Moderno en casa, “La aventura de lo real”, reavivamos la mirada expansiva y contagiosa de Alberto Greco. Su obra despliega resonancias y ecos sobre las demás exposiciones e intervenciones que pueden visitarse en los diferentes espacios del museo.

Compartimos las coincidencias con algunas zonas de la exposición Elda Cerrato: El día maravilloso de los pueblos, a partir de la mirada de Marcos Krämer, asistente curatorial de la exposición:

Las marcas de tiza con las que Greco señalaba elementos de la vida cotidiana como obras de arte pueden ser pensadas como ecos de los círculos que en la obra de Cerrato adquieren diferentes valores y sentidos. Mientras que en sus obras de los años sesenta los círculos se inscriben en la comprensión de la geometría y la abstracción como llaves de acceso al mundo espiritual, durante la década del setenta comienzan a delinear zonas que nos dirigen hacia una realidad más material. Dentro de las mismas formas geométricas de la década anterior aparecen ahora trabajadores, escenas rurales y manifestaciones populares. Los círculos son la expresión de una realidad metafísica y se convierten en inscripciones políticas que señalan realidades precisas y nos revelan el contexto específico latinoamericano.

Obra: Estructura de núcleos generativos 1 y 2. Multiplicidad, de la serie “Ser Beta aislado”, 1970, acrílico sobre tela, 130 x 94 cm. Colección Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Adquisición, 2019.

 

EXPOSICIONES PRESENTES
Una llamarada pertinaz: la intrépida marcha de la Colección del Moderno
Santiago Iturralde: La pintura desnuda
Nicanor Araoz: Sueño sólido
Diana Aisenberg: Mística robótica en la economía de cristal