Programas Públicos

Mediante intervenciones sonoras, charlas magistrales, conferencias, performances y conciertos de reconocidos artistas se busca indagar y expandir el contenido de las muestras en exhibición.

Con curaduría del periodista, autor y crítico cultural Fernando García, estas actividades vinculan entre sí distintas disciplinas y escenas desde la identidad del museo y su programación. Las muestras salen al encuentro de resonancias entre las obras exhibidas y los artistas invitados que, junto con el público, se aventuran al desafío de experimentar para correr los límites.

Contacto en el acto
Richard Coleman en concierto

Como parte de los Programas Públicos de la muestra Cuerpos contacto el Moderno invitó al guitarrista, cantante y compositor Richard Coleman a revisitar el halo de la noche underground de los 80. Escena de la que formó parte como integrante de la primera formación de Soda Stereo y como líder de los grupos Fricción y Los 7 Delfines. Coleman realizó un show solista eventual diseñado especialmente para dialogar con la muestra.

Contra la proyección de la obra “El mundo del arte” (Alberto Goldenstein), el guitarrista ejecutó un repertorio que fue desde su primera canción compuesta en los 80 (“Arquitectura Moderna”, 1982) hasta su legendaria versión de “Heroes”, un clásico de David Bowie de 1978. Así, fue creando verdaderos retratos sonoros a medida que sus soundscapes coincidían con las fotografías de Alfredo Prior, Jorge Gumier Maier, Marcelo Pombo y María Moreno entre tantos otros. Acompañado apenas por su guitarra y una pedalera de efectos, Coleman creó un ambiente sonoro hipnótico que, dada su imprevisibilidad, devino en site specific. El final fue memorable. Con las reverberaciones de “Heroes” sonando en la sala, Coleman guió al público hasta el primer piso para terminar su concierto bajo el arco de la discoteca Ave Porco que se exhibe como parte de la obra de Sergio De Loof que forma parte del acervo del museo. 

Visitas Desorientadas
Una performance de Fernando Noy

En la sala de exhibición de la muestra Cuerpos contacto, el poeta, actor y performer Fernando Noy llevó a cabo la primera Visita Desorientada, un ciclo que se propone reformular un género museístico clásico como la visita guíada. Noy es testigo y protagonista de muchas de las obras que se muestran en la sala y su imagen de los años 80 se puede ver en una fotografía junto a Batato Barea y Alejandro Urdapilleta en la obra “El mundo del arte”.

Montado para la ocasión, Noy reunió al público en el centro de la sala para un recorrido muy distinto por la muestra. Dueño de un histrionismo único repasó su historia a partir de sus vínculos con el hippismo (que también se ve en la sección psicodélica de la muestra), el tropicalismo brasileño (esa misma semana había muerto Gal Costa) y el underground porteño en el que hizo especial foco. El público seguía sus movimientos como si estuviera frente a una pitonisa capaz de anticipar el futuro desde el pasado. Desde los detalles por detrás de las obras de Emeterio Cerro al emocionado final con el recuerdo de Batato Barea, Noy fue una suerte de linterna capaz de iluminar los sótanos del under.    

La Dicha en movimiento
Una conversación sobre el arte en los años underground

Con la participación del crítico y escritor Daniel Molina (muy seguido en twitter como @rayovirtual), Francisco Lemus, uno de los curadores de la muestra Cuerpos contacto y Fernando García, curador de Programas Públicos del museo, se repasaron algunas obras y artistas del tránsito under de los 80 a los 90. Molina fue protagonista de aquella escena como periodista de la revista El Porteño, el único medio que se abismaba en los sótanos, y director del departamento de letras del Centro Cultural Rojas. Detrás de las imágenes de Batato Barea, las fotografías de la obra “El Mundo del arte” (Alberto Goldenstein) o flyers de Los Redondos, Molina se encontraba como testigo y a la vez analizaba en perspectiva la esencia del under. “Fue el único momento en el que el arte ejecutó la utopía de estar fuera del mercado porque a nadie le interesaba lo que hacíamos”, dijo. La conversación estuvo anclada en una proyección que incluyó un fragmento de Virus en Obras en 1984 y la última noche del Parakultural con Batato, Urdapilleta y Tortonese aplaudidos al mismo tiempo en el registro de archivo y en el auditorio del Moderno.     

Cartón Pintado expone canciones
El ADN del grotesco en el arte argentino

En el pasillo donde se exhibió la muestra Baile Fantástico, el artista Cartón Pintado analizo su obra desde una perspectiva histórica para dar cuenta del grotesco argentino en su ADN. Fernando García, curador de Programas Públicos del Moderno, guio un recorrido por imágenes de otros artistas que se espejan de distinta forma en la obra de cartón. Luego de repasar la influencia que tuvieron en su infancia las películas de Disney y el anime japones, Cartón hablo acerca de Florencio Molina Campos, Antonio Berni, Pablo Suarez, Marcia Schvartz y Marcos Lopez. De esta manera, el artista y el museo interactuaron para, en tiempo real y frente al público, dar cuenta de la pertenencia de esta muestra a un estilo arraigado en nuestra pintura.  

Una vez finalizada la conversación, Cartón toco algunas de sus canciones acompañado por Horacio Cristofanetti (laud), Nina Kovenksy y la Piba Berreta. El nombre del evento fue una cita a la muestra-concert con la que Jorge De la Vega había presentado su obra “Rompecabezas” en 1970. 

Suite Sintomario
Intervención sonora de Florencia Ruiz

La guitarrista y compositora Florencia Ruiz estrenó en la sala donde se exhibía la muestra Sintomario de Florencia Rodríguez Giles una suite basada en el mural y el video “Sensibles y vengativos” que ocupaba el centro de su propuesta. Ruiz, cuya obra es reconocida en todo el mundo, desarrolló una pieza instrumental con sutiles vocalizaciones siguiendo la figuración mutante del mural y las escenas del video cuyo sonido se mezclaba con el de su guitarra. La suite se dividió en tres partes de unos quince minutos causando sorpresa en el público que ingresaba a la sala sin conocimiento previo de la intervención. Para la composición Ruiz dialogo con Rodríguez Giles para interiorizarse en sus inquietudes y llevarlas al sonido.

En la sala, la compositora se ubicó en un extremo, con sus pedales y efectos, para pasar desapercibida. Dos amplificadores fueron ubicados debajo del mural para reproducir el sonido limpio y roto de su guitarra que fue desde una capa evanescente de ambient a un subidón ruidista donde también se dejó escuchar su voz. Una vez terminada la suite, Ruiz agregó diez minutos de improvisación entremezclados con el audio del video.