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Karina Peisajovich: Cada vez que veo un arcoíris

La serie de fotos de la artista argentina Karina Peisajovich “Cada vez que veo un arco iris” tiene fecha de inicio pero no de fin. Comenzó un verano de 1998 cuando, camino a Mar del Sur, decidió detenerse a fotografiar el cielo mágico y espeso que la rodeó momentáneamente presagiando la tormenta, atravesado por un arco iris que se levantaba como un tallo multicolor y diáfano desde el horizonte. Dice Peisajovich que su interés primero tuvo que ver con fotografiar el fenómeno: esa aparición efímera ocasionada por la luz al refractarse en los colores prismáticos a través de la lluvia. Pero la acción también revelaría su búsqueda continua por capturar ese “algo” que, según la artista, se resiste a ser agotado por el lenguaje o la cultura, cuya naturaleza fugaz solo prolonga su magia.

Si bien esta primera foto fue apenas una instantánea de viaje, volver a copiarla en papel una década después disparó la decisión de hacer de esta toma casual una serie cuya intención original consistía en contabilizar y archivar cada uno de estos encuentros, sin importar qué cámara tuviera consigo ni el entorno en el que ese arco iris se manifestara. Desde entonces, esta obra en proceso, lejos de repetir un motivo, hizo del arco iris una herramienta capaz de abrir nuevas dimensiones de significado. Nos permitió verlo como una imagen que se cuela en otra imagen, que nos seduce para enfocar la atención en un espacio que probablemente aparecía vacío a la mirada antes de que se revelara.

Fotos en orden de aparición:
Buenos Aires, enero de 1998
Buenos Aires, 23 de julio de 2011
Buenos Aires, 11 de agosto de 2011
Buenos Aires, 18 de septiembre de 2011
París, 22 de mayo de 2015
New York, 16 de abril de 2016
New York, 25 de abril de 2016
Buenos Aires, 10 de junio de 2016

En Buenos Aires, Madrid, o Nueva York; en la pared de su departamento o en la vista desde su balcón; en un corralón o en una vidriera de la ciudad; en un cielo majestuoso o sobre una baldosa en la terraza. Si algo tiene el arco iris –una vez que dejamos de pensarlo solo como ese puente inmenso y lejano que cruza la atmósfera– es que deja verse donde sea. Como a un buen fantasma, no hay forma que se le niegue ni superficie que sea un obstáculo para su aparición. Esa variedad queda registrada en la serie “Cada vez que veo un arco iris”, que Karina Peisajovich produce desde 1998 y que se volvió no solo un modo de documentar el fenómeno óptico y meteorológico que manifiesta esa luz multicolor, sino también otra manera de llevar un diario, de registrar el tránsito de su cuerpo y, más específicamente, de su mirada o, incluso, de seguir la evolución tecnológica de los dispositivos fotográficos que lleva consigo. Parte de una práctica dedicada a estudiar y a trabajar con la luz –material que Peisajovich registra, interviene y modela—, este trabajo en serie que ella no busca pero que permanentemente la encuentra también le brinda la oportunidad de buscar, a través del tiempo, respuestas a un interrogante: de qué modo lo metafísico es capaz de revelarse a través de lo material y cómo varía en cada circunstancia su capacidad de observación para recibir estas manifestaciones intangibles.

Fotos de la serie en orden de aparición:
Buenos Aires, 10 de junio de 2016
Buenos Aires, 11 de junio de 2016
Buenos Aires, 14 de junio de 2016
Buenos Aires, 15 de junio de 2016
Buenos Aires, 9 de septiembre de 2016
Buenos Aires, 7 de octubre de 2016
Madrid, 21 de febrero de 2017
Buenos Aires, 23 de junio de 2017

La serie “Cada vez que veo un arco iris”, de Karina Peisajovich, incluye imágenes de líneas precisas, que trazan geometrías, y formas que asociamos al arte de la abstracción y la mancha; fotografías cercanas al universo de lo tecnicolor o planos sobrios en matices de gris; otras en las que se generan juegos conceptuales que disparan múltiples asociaciones o visiones más románticas y de tono simbólico que registran la aparición del destello de luz como si fuera una señal o un presagio. En tanto descubrimientos visuales y composiciones fotográficas, estas obras operan como investigaciones del universo desde el cual la artista ve, de todos los modos en que ha aprendido a leer y construir una imagen. Descubren, así, los horizontes de la propia visualidad que, para Peisajovich, tiene “una cualidad inexplicable de fantasma: es artificiosa, imaginaria, frágil, contingente y construida a la vez”, tal como podría definirse al mismo arco iris. Como reflexiona la artista citando a Goethe, “solo lo afín puede reconocer lo afín”.

 

Fotos de la serie en orden de aparición:
Buenos Aires, 29 de marzo de 2018
Buenos Aires, 15 de junio de 2018
Buenos Aires, 25 de agosto de 2018
Buenos Aires, 12 de mayo de 2019
New York, 15 de diciembre de 2019
Buenos Aires, 20 de mayo de 2020
Buenos Aires, 7 de noviembre de 2020
Buenos Aires, 29 de noviembre de 2020